Con un sabor amargo y una escandalosa sensación de robo por parte del VAR, Perú se despidió de Montevideo con una derrota, con la mirada puesta en Paraguay.

Finalizando el partido, un remate peruano por el extremo derecho, que parecía de una contención sencilla por parte del arquero uruguayo, terminó por empañar un partido clave para ambas escuadras, ya que el 100 % del balón se vio dentro del arco local. 

Durante la repetición de la jugada se vió, claramente, que el arquero uruguayo Sergio Ramón Rochet ingresa con todo y balón dentro del arco, pero el VAR no se manifestó y el árbitro principal, Anderson Daronco, ni se inmutó ante un claro gol peruano.

Frente a ello, y con la clara mirada puesta en la última fecha, Perú se despidió de Uruguay con una derrota que recordó fantasmas del pasado, pero con la clara esperanza de que no todo está perdido en su largo y doloroso camino a Catar.

En un primer tiempo que nos hizo recordar las sombras y los malos versos a los que nos tenían acostumbrados los equipos de Maturana, Autuori y hasta del mismo Juan Carlos Oblitas (Jugamos como nunca y perdemos como siempre), Perú demostró, una vez más, que de nada vale el chocolate si no metes goles.

La blanquirroja sintió el helado filo de la injusticia no solo por el gol no cobrado al final del partido, sino que, sin hacer mucho, Uruguay consiguió el primer gol a falta de 4 minutos de finalizar el primer tiempo, en un ambiente que nos hacía pensar que Perú era más que su rival. 

Pero como muy bien le demostramos a Colombia en Barranquilla: no es necesario tener el balón y jugar bonito para ganar un partido.

Un Perú pisando fuerte, con toque, marca, y tres ocasiones claras de gol, dejaban los primeros 25 minutos de juego, en el que se veía a un Uruguay que no se encontraba en la cancha, mientras los 2,000 hinchas peruanos rugían en medio de una selva uruguaya con 58,000 gargantas mudas.

El juego creativo se centraba en el sector derecho, con un André Carrillo y un Luis Advíncula que confirmaban al mundo que su complicidad en el juego no es pura casualidad. 

Mientras que, en el otro sector, Trauco y Cueva guardaban energías pensando, seguramente, que la oportunidad de lucirse llegaría en cualquier momento. Pero no.

Lapadula notoriamente cansado, Carrillo amarrando el balón y un Peña que jamás encontró su mejor juego… y hasta por momentos no jugó, construyeron el contexto para que el ingreso del Oreja Flores cayera de maduro.

¿Bajando los guantes?

Un inicio accidentado y una lesión preocupante de Carrillo forzaron el ingreso de Ormeño, Gonzales y Flores, lo que originó que Gareca dejara su zona de confort improvisando un 4-3-2-1-2, lo que obligó a Perú a jugar con planteamiento inédito en estas Eliminatorias.

Frente a este panorama, Perú, con más ganas que fútbol pudo meter en su cancha a un Uruguay que conocía el resultado de Brasil contra Chile, pero el reloj gritaba que solo faltaban 15 para finalizar el encuentro.

Fue en ese momento que el Perú entero se desconcertaba ante la salida de Gianluca Lapadula y Christian Cueva (puntas de lanza del ataque peruano), lo que hacía suponer que Gareca guardaba sus balas para enfrentar a Paraguay y ¿daba por perdido el partido?

Lo cierto es que el encuentro se congeló en un notorio letargo, en el que la hinchada nacional sacaba la calculadora para darse cuenta, desde lo más profundo de sus esperanzas, que no todo estaba perdido.

Y en ese momento, cuando todo parecía consumado, llegó la escandalosa jugada que empañó una final que Uruguay, mano al pecho y un reconocimiento a la efectividad, ganaba con justicia.

Perú no tiene otra alternativa: ganar a Paraguay en Lima este martes en el Estadio Nacional. No queda de otra. Sin embargo, y con toda la bronca que uno puede abrazar, el panorama no es tan alentador como cuando iniciamos esta fecha doble: es imposible clasificar directamente. Solo nos queda el repechaje… y si es posible. (Andina).

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