Queridos hermanos:
Hoy nos encontramos en el Domingo de Ramos, un día que marca el comienzo de la Semana Santa y nos abre las puertas hacia la Pascua.


En este día, reflexionamos sobre la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y sobre el significado de su misión y la de la Iglesia.


Jesús entra humildemente montado en un asno, un gesto que simboliza su naturaleza de Rey de los pobres y su rechazo a la ostentación terrenal. Esta entrada nos recuerda las bienaventuranzas y nos enseña cómo vencer el mal con el bien.


En la primera lectura, el Profeta Isaías nos habla de la lengua del iniciado, que ofrece la mejilla y soporta los ultrajes. Esta imagen representa la obediencia y la entrega total de Jesús, quien aceptó el sufrimiento por amor a nosotros.


Nos invita a seguir su ejemplo y confiar en que no seremos defraudados.


En respuesta, recitamos el Salmo 21, en el que Jesús clama a Dios en su angustia y confía en su misericordia.


Este salmo nos recuerda la humanidad de Jesús y su sacrificio por nuestra salvación.
La segunda lectura, de la carta a los Filipenses, nos habla del despojo voluntario de Jesús y su obediencia hasta la muerte en la cruz.


A pesar de su condición divina, Jesús se hizo siervo por amor a nosotros y fue exaltado por Dios sobre todas las cosas.


En el Evangelio según San Marcos, se nos narra la pasión de Jesucristo y su encuentro con Pilato. Jesús se enfrenta valientemente a las acusaciones en su contra y acepta ser crucificado por amor a la humanidad. Nos muestra el camino del sacrificio y la entrega total a la voluntad de Dios.


Este Domingo de Ramos nos recuerda la importancia de seguir a Jesús con humildad y confianza, aceptando la cruz como el camino hacia la vida eterna. Nos invita a no resistirnos al mal y a buscar la justicia divina por encima de la justicia terrenal.


Que estos días santos nos ayuden a ser más fieles al llamado de Jesús y a vivir de acuerdo con su ejemplo de amor y sacrificio. Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros.


Mons. José Luis del Palacio
Obispo E. del Callao

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