El año escolar podría verse gravemente afectado, por una serie de inconvenientes propios de la época o estación, sumado esto al clima, como lluvias y hechos que han creado caos como la corriente del niño, desplazamientos de tierra, desbordamientos de ríos, etc. Esto se convierte en un excelente “caldo de cultivo” para que diversos virus, gérmenes y situaciones antígenas que producen enfermedades contagiosas en aulas cerradas y por el hacinamiento de los escolares. En medio de todas estas situaciones ha llamado la atención una alarma sobre un brote de sarampión que amenaza a la comunidad peruana. 

Según ha anunciado el Dr. Erick Piskulich, es definitivo que vuelven el uso de la mascarilla y limpieza extrema de las manos debido a un brote activo de sarampión con 17 casos comprobados en el departamento de Puno.

La prevención es de gran importancia ya que un niño con sarampión puede infectar y contagiar a un promedio de 12 personas en los ocho días de trasmisión permisible de este virus.

Déficit estudiantil vs. problemas médicos

Los principales problemas de salud en la etapa escolar incluyen infecciones respiratorias (resfriados, gripes), enfermedades gastrointestinales (diarreas, vómitos), obesidad/sobrepeso por malos hábitos, problemas de visión y audición no detectados, alergias, caries dentales y alteraciones posturales. También se observan problemas de salud mental como ansiedad, dificultades para dormir y estrés, según especialistas médicos de la salud.

Las enfermedades más frecuentes en niños en Perú son las infecciones respiratorias agudas (como neumonía, bronquiolitis y resfriados) y las enfermedades diarreicas agudas. Además, persisten problemas de salud pública críticos como la anemia infantil (que afecta a más del 42% de menores de tres años) y la desnutrición crónica.

Según nos indican las cifras de la OMS, las infecciones respiratorias agudas, como resfriados, faringitis y broncoespasmos, son muy comunes debido al contagio rápido en el aula. También destacan enfermedades exantemáticas (varicela, roséola).

La malnutrición se presenta tanto por déficit (anemia, deficiencia de hierro/vitaminas) como por exceso, siendo la obesidad y el sobrepeso un problema severo, afectando a un alto porcentaje de niños.

Gastroenteritis o “gripe estomacal” (diarreas, vómitos) son frecuentes debido al contagio de virus.

Deficiencias visuales (miopía) y auditivas que no son detectadas a tiempo, además de dolores de espalda o cuello por el uso de dispositivos electrónicos y malas posturas.

Ansiedad, cambios de rutina y estrés por el regreso a clases pueden afectar el comportamiento y la concentración de los escolares. Caries dentales por hábitos de higiene inadecuados.

Caídas, contusiones y esguinces derivados de la actividad física.

Para evitar esto es esencial una alimentación equilibrada, fomentar la higiene de manos, asegurar de 9 a 11 horas de sueño, realizar chequeos pediátricos, odontológicos y visuales al inicio del año escolar.

Todo entra por los ojos

El éxito en el regreso a clases depende en gran medida de uno de los pilares biológicos que muchas veces se pasa por alto: el sistema visual. Según la Asociación Americana de Optometría (AOA), el 80% de la información que un estudiante procesa para aprender, llega exclusivamente a través de los ojos. Sin embargo, en un entorno cada vez más digitalizado, esta “puerta de entrada” al conocimiento está comprometida para miles de niños en el Perú, afectando no solo su salud, sino su capacidad de competir en igualdad de condiciones en el aula.

De acuerdo con cifras proyectadas al 2026 por el Instituto Nacional de Oftalmología (INO) y Es Salud, el 40% de la población escolar presentaría algún error de refracción como miopía, o astigmatismo. En zonas urbanas, el panorama es aún más crítico: se estima que 7 de cada 10 niños ya requieren algún tipo de corrección o medidas de higiene ocular. Este incremento está directamente ligado a la “miopía digital”, un fenómeno acelerado por la exposición prolongada a pantallas y la drástica reducción de horas de recreación al aire libre, factores que alteran el crecimiento natural del ojo y su capacidad de enfoque.

Ante este escenario, la Dra. Marleni Mendoza, médico oftalmóloga y asesora científica de Laboratorios Lansier, señala que este fenómeno está creando una generación de niños que “fallan en silencio” en las aulas. “La ciencia es clara: si la imagen que llega a la retina no es nítida, el cerebro debe destinar una enorme cantidad de energía al músculo ciliar para intentar compensarlo. Esto genera fatiga visual que puede manifestarse como irritabilidad y bajo rendimiento; el niño deja de prestar atención no por falta de voluntad, sino porque su sistema visual está en sobrecarga”, explica la especialista.

La experta destaca que la salud visual no es solo “ver nítido”, sino tener la capacidad de sostener ese esfuerzo durante las 6 u 8 horas de la jornada escolar. Estudios de ergonomía visual de 2025 indican que un estudiante con fatiga ocular no tratada puede perder hasta 45 minutos de concentración efectiva por cada hora de clase. Además, la falta de parpadeo frente a dispositivos digitales genera sequedad ocular y es capaz de inducir visión borrosa de forma intermitente, afectando la fluidez lectora.

Para evitar que un problema de salud visual se convierta en una brecha en el aprendizaje, la especialista sugiere observar estos comportamientos:

  • Fatiga Ocular: El niño se frota los ojos constantemente o presenta enrojecimiento al terminar sus tareas.
  • Cefaleas frontales: Dolores de cabeza frecuentes después del horario escolar, provocados por el esfuerzo constante de acomodación que exige un defecto de visión no corregido.
  • Posturas compensatorias: Inclinar la cabeza hacia un lado o cerrar un ojo para leer.  Podría indicar que el cerebro está intentando usar el ojo con menor error refractivo.
  • Aproximación excesiva: Acercarse demasiado a los libros o pantallas. Es el síntoma clásico de la miopía, donde el plano de enfoque se ha desplazado.
  • Dificultad de seguimiento: Saltar líneas al leer o perder el rastro del texto. La mala visión impide que los ojos se muevan de forma coordinada, impactando en la comprensión.

El uso de tablets y celulares en menores de 5 años subió un 40% en los últimos dos años, forzando la visión de los más pequeños antes de tiempo.

Especialistas advierten que el “estrés acomodativo” es el culpable de que muchos niños de nido se muestren irritables o “distraídos” en clase.

El regreso a nidos y jardines este año trae una alerta roja que los padres no deben pasar por alto. Según proyecciones basadas en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 15% de los niños en edad preescolar ya llega al aula con síntomas de fatiga visual (astenopia). El problema nace en casa: estudios de ergonomía de 2025 revelan que, frente a una pantalla, los niños parpadean apenas 5 veces por minuto, cuando lo normal son 15. La disminución del parpadeo reduce la lubricación natural del ojo, favoreciendo la sequedad ocular. Esto puede generar una visión borrosa intermitente que dificulta que un niño de 3 o 4 años mantenga la atención en actividades simples como pintar, colorear o seguir trazos.

Para la Dra. Marleni Mendoza, médica oftalmóloga y asesora científica de Laboratorios Lansier, la exposición prolongada a pantallas a edades muy tempranas no es adecuada. “Un niño en etapa inicial no debería pasar muchas horas enfocando de cerca; su sistema visual está diseñado para explorar el entorno a distancia. Mantener la mirada fija a unos 20 centímetros genera un esfuerzo continuo de enfoque que puede provocar fatiga y molestias oculares. El problema es que los más pequeños no siempre pueden expresar si les duele la vista o si ven borroso. En lugar de decirlo, se frotan los ojos, se muestran irritables o dejan de jugar, y a veces interpretamos esto como mala conducta, cuando en realidad puede tratarse de fatiga visual”, explica la especialista.

Para que el inicio de clases 2026 no se convierta en una lucha contra la fatiga, la experta de Laboratorios Lansier recomienda estas pautas clave:

  • Chequeo antes de los 5 años: Es la edad de oro para detectar el “ojo perezoso” (ambliopía). Si no se detecta y trata a tiempo, el cerebro puede comenzar a “ignorar” la imagen que proviene del ojo que ve menos, lo que reduce progresivamente su capacidad visual.
  • Pausas visuales obligatorias: Por cada 20 minutos de uso de Tablet o celular, es recomendable que el niño dirija la mirada hacia un punto lejano (idealmente a más de 6 metros) durante al menos 20 segundos. Este breve descanso ayuda a relajar el sistema de enfoque del ojo, que trabaja intensamente en visión cercana, y favorece una función visual más saludable durante el crecimiento.
  • Gotas lubricantes y parpadeo: El uso prolongado de pantallas reduce la frecuencia de parpadeo y puede causar sequedad, ardor o sensación de “arenilla”. En estos casos, las lágrimas artificiales sin preservantes pueden ayudar a mantener el ojo lubricado y proteger la superficie ocular durante el uso de dispositivos electrónicos.
  • La distancia del brazo: Evite que los niños acerquen demasiado el rostro al dispositivo. Lo recomendable es mantener una distancia aproximada de 35 a 40 cm. Leer o usar pantallas muy cerca aumenta la exigencia del sistema visual y se asocia con un mayor riesgo de desarrollar miopía a edades tempranas.
  • Juego al aire libre: La luz natural cumple un papel fundamental en el desarrollo visual. Pasar al menos una hora diaria al aire libre ayuda a reducir el riesgo de miopía y favorece un crecimiento ocular más saludable. Además, permite que los ojos descansen de la visión cercana intensa durante las horas de estudio.

Ver bien es fundamental para aprender bien. La especialista en salud visual nos recuerda que el examen oftalmológico es tan importante como la lista de útiles escolares. Asegurar que un niño vea con claridad es brindarle una herramienta clave para que su experiencia en el colegio sea positiva y llena de confianza, y no una fuente de dificultad innecesaria.

Finalmente, la especialista enfatiza que el tamizaje visual debe ser considerado el primer “útil escolar” de la lista. “El 80% de los problemas visuales en niños son detectables si se actúa a tiempo. En Laboratorios Lansier reafirmamos que garantizar una visión clara es, literalmente, darle a un niño las herramientas para que su cerebro pueda aprender sin obstáculos”, concluye.

Enfermedades frecuentes

Estas son ocho de las enfermedades más frecuentes durante las etapas escolares de la población infantil (0-6 años), según la OMS, aunque puede haber otras. Por ello, es importante seguir unas adecuadas medidas de prevención, sobre todo encaminadas a favorecer la higiene, y consultar al pediatra para que establezca el tratamiento más adecuado a seguir en cada caso.

Catarro: es la más habitual de todas. Durante la etapa escolar es común que los niños tengan síntomas de congestión nasal, mucosidad e incluso fiebre. Así, según señalan, la mayoría de los bebés en las guarderías tienen entre 8 y 12 resfriados al año. Como consecuencia, pueden estar molestos o irritables y tener sensación de dificultad respiratoria. Los catarros suelen ser el primer paso de otras infecciones por lo que conviene procurarles unas medidas de higiene para evitar el contagio, como lavarse las manos con frecuencia, no compartir objetos o prendas, taparse la mano al toser o estornudar, etc. Además, es aconsejable seguir una correcta hidratación, una dieta rica en vitaminas y minerales para tener fortalecido el sistema inmunológico, así como mantener un buen descanso.

Faringoamigdalitis: se trata de una enfermedad infecciosa que se caracteriza por fiebre, dolor de garganta y ganglios en el cuello de pequeño tamaño. Además, se puede acompañar de mucosidad nasal, tos y ronquera. Según señalan el 70-80% de las faringitis son víricas, sobre todo antes de los 3 años, y el resto son bacterianas, afectando más a partir de los 3 años. Dentro de estas últimas, las causadas por Streptococcus pyogenes provoca el 30% de las faringitis en los niños.

Otitis: las otitis son una de las principales consecuencias de los catarros. La otitis media aguda es una de las patologías más frecuentes en la infancia debido a que su trompa de Eustaquio es más ancha, más corta y más horizontal que la de los adultos, lo que facilita la llegada de gérmenes de la nariz. De hecho, según datos científicos de la Asociación de Otorrinolaringología, el 90% de la población infantil sufre al menos un episodio de otitis antes de los cinco años. Además, entre un 10 y un 20% de los niños presenta episodios frecuentes de otitis media aguda. En los más pequeños se puede notar porque lloren más de lo normal, se froten el oído o no duerman bien. Cuando son más mayores manifiestan dolor. Además, puede causar fiebre.

Conjuntivitis: se trata de la inflamación de la conjuntiva y de una enfermedad muy contagiosa y común entre los niños, por lo que suelen producirse brotes en las clases de las escuelas infantiles o colegios. La conjuntivitis puede ser de origen bacteriano o vírico y se manifiesta con ojos rojos, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño, picor y legañas. Si es vírica se suele acompañar también de síntomas propios del catarro o resfriado. Además, se puede deber a una alergia o sustancia irritante como la arena, el cloro, el humo o el polvo, entre otras.

Bronquiolitis: se trata de una enfermedad común en la infancia, propia de los meses fríos, cuyo principal responsable es el virus respiratorio sincitial (VRS). Los niños más pequeños son los más vulnerables por la falta de madurez de su sistema inmune. Puede confundirse con un catarro o gripe debido a que sus síntomas más característicos son congestión, tos o fiebre. A medida que avanza, los pequeños suelen tener más dificultades para respirar o incluso tragar, con la aparición de pitidos en el pecho.

Enfermedad boca-mano-pie: se trata de una enfermedad contagiosa causada por virus de la familia enterovirus, el más frecuente de ellos, presente en la saliva, las heces o las mucosas. Es muy común entre los niños que están empezando a andar y hasta una edad de cinco años. La patología se presenta en forma de ampollas o erupciones leves en los pies, las manos, el área de la boca y la nariz, así como en la región pélvica donde se coloca el pañal. Además, el niño puede presentar dolor de cabeza o de garganta y pérdida de apetito. En los casos más graves pueden aparecer úlceras en la boca y la garganta, fiebre o gastroenteritis.

Roséola: también se conoce como sexta enfermedad o exantema súbito, y suele afectar a niños de entre tres meses y tres años de edad y está causada por un virus, y es más frecuente en otoño y primavera. Suele iniciarse con fiebre alta y pueden aparecer lesiones en mucosas o síntomas catarrales. Cuando la fiebre cesa, aparece en el tronco una erupción cutánea en forma de granos de entre 3 y 5 mm de diámetro de color sonrosado. Pueden aparecer también en la espalda, el cuello, la cara, los brazos y las piernas y pueden durar entre dos horas y dos días.

Gastroenteritis: se trata de una patología común en la etapa infantil causada sobre todo por virus y se manifiesta con diarrea, de comienzo brusco, acompañada de síntomas como náuseas, vómitos, fiebre o dolor abdominal. Es importante extremar las medidas de higiene en los cambios de pañal y en el baño para evitar el contagio. Los médicos especialistas manifiestan tener mucho cuidado y no alarmarse, ya que este tipo de virus son muy comunes, sobre todo al inicio del año escolar.

Por Andrés Dávila

Deja una respuesta