Las elecciones generales en Bolivia dieron un giro inesperado este domingo y abrieron un escenario inédito en la política del país altiplánico.

El senador y exalcalde de Tarija, Rodrigo Paz, se colocó en el primer lugar con el 31,6 % de los votos, según el conteo rápido del Sirepre.

El centrista, considerado hasta hace poco un “tapado”, deberá disputar la segunda vuelta con el expresidente Jorge ‘Tuto’ Quiroga, que alcanzó un 27,1 %. La definición quedó fijada para el próximo 19 de octubre.

El sorpresivo ascenso de Paz se explicó, en parte, por el traslado de votos del economista Jaime Dunn, cuya candidatura quedó inhabilitada por el Tribunal Supremo Electoral debido a deudas con el Estado.

Respaldo inesperado para Rodrigo Paz

Analistas coincidieron en que ese caudal, sumado al desgaste del oficialismo y a la apuesta por un perfil moderado, le permitió consolidarse como favorito.

La jornada electoral también marcó el declive de viejas figuras. El empresario Samuel Doria Medina, que quedó tercero con el 19,5 %, reconoció su derrota y anunció su respaldo a Paz, luego de fracasar por cuarta vez en su intento de llegar a la presidencia.

“Apoyaré al cambio que representa Rodrigo Paz”, declaró en la noche.

La biografía del candidato más votado añade otro elemento inesperado. Nació en Santiago de Compostela en 1967, durante el exilio de su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora.

Campaña austera y efectiva

Su campaña, austera y centrada en redes sociales, contrastó con los millonarios despliegues de sus rivales y terminó capitalizando el voto de castigo al MAS.

El resultado confirmó un giro político: los votantes dejaron atrás la hegemonía del ‘Socialismo del siglo XXI’ que impulsó Evo Morales y trasladaron el pulso hacia opciones de derecha y centroderecha.
Congreso dividido y sin mayoría

Tanto Paz como Quiroga coincidieron en prometer equilibrio fiscal, apertura a inversiones extranjeras y cierre de empresas estatales deficitarias.

El desenlace también anticipa un Congreso fragmentado, sin mayorías absolutas, lo que obligará a pactos para garantizar gobernabilidad.

Mientras tanto, el oficialismo sufrió abucheos en varios recintos electorales, reflejo del desgaste del presidente Luis Arce y del MAS.

Por Martín Villacís

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