El temor latente y que se busca evitar a toda costa es que ocurra una emergencia —incendio, sismo, atentado— que ponga en riesgo la vida de trabajadores formales e informales y cientos de miles de clientes que acuden a estos espacios para realizar sus compras de Navidad y Año Nuevo.
Una fuente municipal contó a Perú21 que esta semana el PJ negó formalmente a la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) el permiso para albergar a los ambulantes del Centro de Lima. Las razones se desconocen, pero la presidenta del órgano de administración de justicia, Janet Tello, anunció que 3,000 m2 del establecimiento serán remodelados para albergar espacios de flagrancia.
“Teníamos bastante esperanza de que puedan ir al expenal San Jorge, porque era un sitio amplio. Ahora, estamos buscando otras posibilidades. Tenemos que consensuar con ellos. No todos los lugares que les ofrecemos ellos aceptan. Por ejemplo, el espacio de Barrios Altos (la Huerta Perdida) lo consideraron peligroso o decían que no vendían mercadería”, declaró a este diario la teniente alcaldesa, Fabiola Morales.
Ahora, el objetivo municipal es lograr que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y/o la Defensoría del Pueblo cedan a la MML unos terrenos cerca a los emporios mencionados para que los vendedores ambulantes, cerca de 18,000, puedan instalar allí ferias y puestos seguros.
“Hay opciones de reubicación en 80 galerías de Mesa Redonda: la zona posterior del Congreso, a través de San Marcos; y la Defensoría del Pueblo está ofreciendo un terreno de 2,000 metros cuadrados. Todo depende de qué autoridad nos ceda en uso el espacio; ya tenemos empadronados a los comerciantes”, refirió el alcalde de Lima, Renzo Reggiardo.
Para el sociólogo y docente investigador de la PUCP, Manuel Dammert Guardia, la razón de que no prosperara el proyecto en el expenal San Jorge es evidente: “Una reubicación no se organiza de hoy para dentro de dos semanas”.
Compleja formalidad
En entrevista para Perú21, Dammert detalla que la reubicación es una estrategia usada desde hace varias décadas en América Latina —de México a Colombia, pasando por experiencias peruanas como las de Andrade y Castañeda—, pero casi siempre enfrenta las mismas barreras del tiempo, la negociación y desconfianza.
“Son procesos que toman entre uno y dos años. Requieren diálogo, acuerdos, preparación del espacio, distribución de puestos y ahorro para que los comerciantes implementen sus módulos. Hacerlo en plena campaña navideña es prácticamente irreal”, afirma Dammert.
A ello se suma la resistencia natural de los comerciantes ambulantes. Según el sociólogo, su principal necesidad es vender rápido y a pie de calle. Las galerías o espacios cerrados reducen drásticamente su visibilidad y ventas.
Dammert recuerda, además, que ya hubo intentos fallidos de reubicación en la zona, como La Huerta Perdida. “La experiencia anterior no funcionó. Los comerciantes quedaron con desconfianza y sienten que, si se mueven hoy, pierden su campaña sin resolver el problema real”, explica.
Mesa Redonda: zona crítica y saturada
El especialista advierte que Mesa Redonda no es hoy un espacio seguro. Hay calles estrechas, galerías sin salidas claras, cables expuestos y venta de productos inflamables; configuran un entorno donde la vulnerabilidad es permanente.
“No es que estemos esperando una fatalidad: ya pasó. Y las condiciones siguen dadas para otro incendio”, señala.
Si bien la municipalidad anunció un control de aforo para diciembre, Dammert advierte que una medida así, sin un rediseño integral del área, puede generar nuevos problemas, como cuellos de botella o estigmatización del comercio formal.
¿Hay alternativas?
Sí, pero requieren planificación a largo plazo. Dammert señala que los casos exitosos en América Latina comparten tres elementos: intervención urbana integral, negociación sostenida con comerciantes e inversión para atraer flujo peatonal y transporte.
“La clave es la gobernanza. Municipalidad, comerciantes y vecinos deben acordar reglas claras. No puede ser una imposición”, señala.
“La peor consecuencia de reubicar sin criterios técnicos es que el problema vuelve más grande. Se puede crear más desorden del que se intenta solucionar”, concluye.
Por: Cris Vílchez – Pierre Jeanneau
