Han pasado 26 años desde que IPSOS y Alfredo Torres se prestaron para que Alberto Fujimori gane con fraude en el año 2000. Más allá de la inexistente credibilidad de las encuestas, es que estos personajes se venden como actores electorales con independencia frente a la población.
Por eso el país salió a rechazar sus intentos de hacer ‘‘corregir’’ el conteo rápido de propia institución para que gane Keiko Fujimori. Hoy nuestro país abre el debate y la memoria respecto al papel de las encuestadoras que fueron compradas por Fujimori y Montesinos, además de las controvertidas elecciones del año 2000.
Aquel proceso terminó marcado por denuncias de fraude que afectaron la legitimidad del tercer mandato de Alberto Fujimori. Para numerosos sectores democráticos, las lecciones de aquella elección siguen vigentes: cuando existe una distancia entre las mediciones preliminares, las interpretaciones de los analistas y los resultados oficiales, la confianza pública se erosiona.
Veintiséis años después, durante la segunda vuelta presidencial de 2026, el nombre de Torres volvió al centro de la discusión política. Aunque el conteo rápido mostró una ventaja de Roberto Sánchez dentro de un escenario extremadamente ajustado, las posteriores declaraciones del ejecutivo de Ipsos fueron realizadas sin fichas y muestras técnicas, sino guiado por ‘‘opinión de los expertos en redes sociales’’.
Más allá de que si fueron simples interpretaciones, lo que demuestra es que la encuestadora y su director no son eso mismo, son actores políticos de la derecha para ganar fraudulentamente.
La cuestión ya no es únicamente ‘‘estadística’’, es política. Cuando una misma figura aparece recurrentemente vinculada a controversias electorales que benefician, directa o indirectamente, al fujimorismo, resulta inevitable que surjan sospechas sobre su independencia.
No se trata de una prueba concluyente de parcialidad, sino de un problema de confianza ciudadana. sostenible en la región. A esta iniciativa se suma una segunda propuesta de gran envergadura: una megaplanta de hidrógeno verde impulsada por el Gobierno Regional de Arequipa bajo la modalidad de Proyecto en Activos.
Con una inversión estimada de US$2.500 millones, la planta tendría capacidad para producir hasta 80.000 toneladas anuales de hidrógeno verde destinadas tanto al mercado nacional como a la exportación, consolidando a Arequipa como un nuevo polo energético en América Latina.
Las democracias en América Latina exigen que quienes producen información electoral mantengan no solo independencia real, sino también apariencia de independencia.
En ese sentido, Alfredo Torres representa a los sectores de derecha, es la encuestadora que necesitan cuando van a perder. Mientras su parcialidad con los sectores de derecha continúe, la discusión sobre su papel en los procesos electorales peruanos seguirá abierta. Nuestro país no puede permitir que se vuelvan a repetir los escenarios oscuros de la dictadura fujimontesinismo.
Por: NOEL JAIMES TARAZONA
