El Perú es uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales. Posee minerales estratégicos, abundantes fuentes de agua, biodiversidad única, extensas tierras agrícolas y un enorme potencial energético. Sin embargo, para millones de peruanos, esta riqueza no se refleja en su calidad de vida. De allí surge una pregunta que resuena cada vez con más fuerza: ¿por qué sentimos que el Perú ya no nos pertenece?
Desde una perspectiva sociológica, esta percepción tiene raíces históricas profundas. Durante siglos, la economía peruana se estructuró en torno a la extracción de recursos destinados principalmente a beneficiar a grupos de poder nacionales y extranjeros. Aunque el país ha experimentado crecimiento económico, gran parte de la población continúa enfrentando problemas de pobreza, desigualdad, servicios deficientes y escasas oportunidades de desarrollo.
La presencia de grandes corporaciones transnacionales en sectores estratégicos genera además la sensación de que una parte importante de las ganancias producidas por las riquezas nacionales abandona el país sin traducirse plenamente en bienestar para sus ciudadanos. A ello se suma la gran corrupción, que debilita al Estado y erosiona la confianza de la población en sus instituciones.
Sin embargo, el problema no radica únicamente en quién explota los recursos, sino en cómo se administran sus beneficios. La verdadera soberanía se construye con educación de calidad, instituciones fuertes, transparencia, industrialización y una ciudadanía comprometida con el destino nacional.
Recuperar el sentido de pertenencia sobre el Perú no significa aislarse del mundo, sino garantizar que las riquezas de la nación sirvan primero al desarrollo de su pueblo. Solo entonces los peruanos podrán sentir que la patria no está en venta, sino que trabaja para el bienestar de todos.
Pero el estado ha sido golpeado duramente por la corrupción durante décadas por ex presidentes y empresas que aún siguen trabajando en el Perú. Expresidentes condenados por la justicia peruana Alberto Fujimori: recibió múltiples condenas por corrupción, usurpación de funciones y violaciones de derechos humanos, incluyendo los casos Barrios Altos y La Cantuta.
Alejandro Toledo: condenado por recibir sobornos relacionados con contratos de infraestructura vinculados al caso Odebrecht.
Ollanta Humala y Nadine Heredia: condenados por lavado de activos relacionado con financiamiento ilícito de campañas políticas.
Martín Vizcarra: condenado por corrupción vinculada a presuntos sobornos cuando era gobernador regional de Moquegua. Pedro Castillo: fue condenado por hechos relacionados con el intento de quiebre del orden constitucional de diciembre de 2022.
Funcionarios y operadores de redes de corrupción que manejaron a las fuerzas armadas y policía nacional y que paguen condenada actualmente Vladimiro Montesinos: recibió numerosas condenas por corrupción, tráfico de influencias, sobornos y delitos vinculados a la red que operó durante el régimen de Fujimori. Empresas involucradas en corrupción como ex Odebrech, que admitió el pago de sobornos en diversos países de América Latina, incluido el Perú, para obtener contratos públicos.
Diversos procesos judiciales peruanos derivan de este caso. También fueron investigadas constructoras como OAS, así como empresas que aparecieron en distintos expedientes del caso Lava Jato. Algunas tuvieron acuerdos de colaboración o procesos judiciales en diferentes etapas. Reflexión final el futuro del Perú no será definido únicamente por sus enormes reservas minerales, su biodiversidad o sus recursos energéticos. Las naciones que han alcanzado altos niveles de desarrollo no lo hicieron solo por lo que tenían bajo el suelo, sino por la capacidad de su gente para transformar esos recursos en conocimiento, industria, tecnología y bienestar social.
Quienes verdaderamente pueden sacar adelante al Perú son sus ciudadanos: los trabajadores, agricultores, emprendedores, científicos, maestros, empresarios responsables y jóvenes comprometidos con el país.
Asimismo, las empresas nacionales y extranjeras pueden contribuir al desarrollo siempre que operen con transparencia, respeten las leyes, el medio ambiente y generen valor agregado dentro del territorio nacional.
El verdadero desafío no consiste en expulsar la inversión ni en entregar sin condiciones nuestras riquezas, sino en construir un Estado fuerte, honesto y eficiente que garantice que los beneficios de los recursos naturales lleguen a todos los peruanos. La experiencia internacional demuestra que los países que fortalecen la gobernanza de sus recursos, promueven la industrialización y reinvierten sus ingresos en educación, ciencia e infraestructura logran un desarrollo más sostenible y soberano.
El Perú no necesita ser dueño únicamente de sus recursos; necesita ser dueño de su destino.
Escribe: Pedro Guevara – Bachiller en Sociología UNFV
