Especialistas del Hospital Almanzor Aguinaga repararon con éxito un aneurisma de aorta en un paciente de 80 años mediante tecnología de mínima invasión
A sus 80 años, José Ordinola Rodríguez pensaba que sus días de caminatas largas y tardes de risas con sus nietos llegaban a su fin. Lo que comenzó como un dolor abdominal severo y una inexplicable dificultad para caminar, se transformó rápidamente en un diagnóstico aterrador: un aneurisma de aorta abdominal que ya comprometía las arterias ilíacas bilaterales. Se había deformado tanto que amenazaba con romperse y su vida, literalmente, pendía de un hilo.
Su edad no fue una barrera para los médicos de Cirugía de Tórax y Cardiovascular del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga, quienes, en un despliegue de precisión científica, pero sobre todo de profunda empatía lograron salvarle la vida mediante una compleja cirugía endovascular de mínima invasión, lo que permitió evitar una cirugía abierta.
“El riesgo de ruptura era inminente. En pacientes de la edad de don José, una intervención de este tipo requiere una planificación milimétrica para garantizar la supervivencia. Es por ello que se optó por una reparación endovascular compleja”, explicó el jefe del Servicio de Cirugía de Tórax y Cardiovascular, Carlos Ledesma Martin.
A través de pequeñas incisiones y utilizando tecnología de vanguardia, los especialistas Manuel Calvay Salinas y Juan Carlos del Hierro introdujeron dispositivos (endoprótesis) que reforzaron la arteria desde adentro, como si colocaran un escudo protector. El procedimiento neutralizó la “bomba de tiempo” y restauró de inmediato el flujo de sangre a sus piernas, desapareciendo el dolor y devolviéndole la capacidad de caminar.
“Gracias por no soltar mi mano”, fueron las emotivas palabras de un hombre que volvió a nacer y, hoy, tras una evolución favorable que sorprendió gratamente a los médicos, don José ha sido dado de alta. Antes de cruzar las puertas del hospital para regresar a los brazos de su familia, el querido pensionista no pudo contener las lágrimas al expresar su gratitud.
“Quiero agradecer de todo corazón al doctor Carlos Ledesma y a todo el maravilloso equipo de cirujanos que me operó. Gracias por su paciencia, por sus manos benditas y por no soltar la mía en el momento más difícil. Y mi agradecimiento eterno a EsSalud, porque gracias a sus equipos y a su atención hoy puedo regresar a mi casa caminando. Me han devuelto el movimiento normal de mis piernas, mi tranquilidad y, lo más sagrado, el derecho de seguir siendo el abuelo de mi familia por más tiempo”.
HITO DE HUMANIDAD
Este éxito médico no solo representa un triunfo técnico para la medicina de la macrorregión norte, sino que es un recordatorio de que la alta complejidad médica cobra su verdadero valor cuando se humaniza.
“La historia de don José marca un precedente conmovedor: la seguridad social demostró que, cuando hay voluntad, tecnología y un equipo humano comprometido, el derecho a la salud y a la vida no tiene fecha de caducidad”, subrayó el gerente de la Red Prestacional Lambayeque, Alberto Fernando del Valle.
