El Perú llega nuevamente a una segunda vuelta presidencial cargando algo más pesado que una simple decisión electoral. No se trata únicamente de elegir a una persona para ocupar el Palacio de Gobierno; el país parece encontrarse frente a un debate más profundo sobre identidad política, memoria histórica y expectativas sociales.
Tras años de crisis institucional, presidentes que no terminaron sus mandatos, enfrentamientos entre poderes del Estado y una creciente sensación de inseguridad, la población peruana parece haber entrado en una etapa de cansancio político y desconfianza colectiva. La historia política peruana reciente puede describirse como una sucesión de esperanzas interrumpidas.
Desde comienzos del siglo XXI, el país ha experimentado crecimiento económico en distintos periodos, pero dicho crecimiento no siempre se tradujo en una percepción ciudadana de bienestar o justicia social. Mientras algunos sectores progresaban económicamente, otros continuaban sintiendo abandono estatal, especialmente en zonas rurales y periféricas.
Sociológicamente aparece una pregunta fundamental: ¿qué busca realmente el ciudadano peruano cuando vota?. La respuesta parece haber cambiado. Antes, gran parte del electorado podía definirse ideológicamente: izquierda, centro o derecha. Hoy el comportamiento electoral peruano parece responder más a elementos emocionales y sociales: búsqueda de seguridad; rechazo a la corrupción; necesidad de estabilidad; frustración acumulada; deseo de cambio; desconfianza hacia las élites políticas. La población ya no vota solamente por programas políticos.
Muchas veces vota por símbolos, recuerdos, experiencias o temores. En este contexto aparecen dos figuras que representan historias y visiones distintas del país: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Keiko Fujimori: la herencia de una historia que divide al país. Hablar de Keiko Fujimori significa hablar inevitablemente de la herencia política de su padre, Alberto Fujimori. Su historia política comenzó tempranamente. Cuando tenía apenas 19 años asumió funciones de primera dama durante el gobierno de su padre. Posteriormente ingresó al Congreso y construyó su propia organización política, convirtiéndose en una de las figuras más reconocidas y también más polémicas del país. Su carrera electoral ha sido persistente. Ha disputado varias elecciones presidenciales y ha logrado llegar repetidas veces a segundas vueltas nacionales. Los sectores que la respaldan suelen asociarla con: orden institucional; crecimiento económico; fortalecimiento de seguridad; continuidad de un modelo económico liberal. Sin embargo, existe también un sector importante que mantiene reservas respecto al fujimorismo debido a temas históricos relacionados con: acusaciones de autoritarismo; conflictos con instituciones democráticas; investigaciones sobre financiamiento político; cuestionamientos al rol político de su entorno.
Desde una mirada sociológica, Keiko Fujimori representa algo más complejo que una candidatura: representa una memoria histórica colectiva. Para algunos ciudadanos simboliza estabilidad y orden. Para otros simboliza un retorno a prácticas políticas que consideran peligrosas. Y precisamente esa dualidad explica por qué genera simultáneamente apoyo intenso y rechazo intenso. Roberto Sánchez: el discurso del cambio y la representación social. Por otro lado aparece Roberto Sánchez, un político cuyo recorrido es distinto. Nacido en Huaral, con formación vinculada a la psicoterapia y experiencia política previa, ha desarrollado un discurso enfocado en inclusión social y representación de sectores históricamente menos escuchados. Su crecimiento político parece apoyarse en varios elementos: acercamiento a sectores rurales; presencia en poblaciones andinas; propuestas orientadas a pequeños productores; discurso de reformas estructurales; fortalecimiento del rol estatal. Sus simpatizantes suelen verlo como una alternativa frente al sistema político tradicional. Sin embargo, también enfrenta cuestionamientos relacionados con: viabilidad económica de algunas propuestas; alianzas políticas; capacidad de gestión; dudas sobre estabilidad institucional.
Financial Times Sociológicamente, Sánchez parece representar algo que históricamente ha ocurrido varias veces en el Perú: el surgimiento de liderazgos que buscan expresar demandas de sectores que sienten haber permanecido lejos del centro del poder político. La corrupción: el problema que ningún presidente ha logrado derrotar completamente. Probablemente la pregunta más repetida entre ciudadanos sea:»¿Con el próximo gobierno se terminará la corrupción?»La historia peruana invita a ser prudentes. La corrupción no es únicamente un problema de individuos. También puede entenderse como un fenómeno estructural compuesto por: instituciones débiles; falta de fiscalización; redes de intereses; problemas judiciales; burocracia ineficiente; tolerancia social hacia ciertas prácticas.
El Perú ha tenido gobiernos de distintas tendencias políticas y, sin embargo, la corrupción continuó apareciendo bajo diferentes formas. Eso no significa que sea imposible reducirla. Pero requiere: reformas judiciales profundas; digitalización estatal; fortalecimiento institucional; transparencia; vigilancia ciudadana.
Ningún partido, por sí solo, puede garantizar la desaparición absoluta de la corrupción. Conclusión: el Perú vota entre memoria y esperanzaLa segunda vuelta de 2026 parece menos una competencia entre dos personas y más una disputa entre dos relatos distintos sobre el futuro nacional. Por un lado existe la promesa del orden y la estabilidad. Por otro aparece la promesa de transformación e inclusión. Sin embargo, el verdadero desafío podría encontrarse más allá de quién gane la presidencia. Porque la historia peruana muestra que los problemas más difíciles no cambian únicamente mediante elecciones; cambian cuando las instituciones, la ciudadanía y la cultura política evolucionan juntas. Y quizá esa sea la pregunta central de estas elecciones:¿el Perú está eligiendo simplemente un presidente, o está intentando redefinir el tipo de país que desea ser?.
Por: Pedro Guevara – Bachiller en Sociología – UNFV
