Rafael López Aliaga quiere hacernos creer que puede desprenderse de su condición de senador electo como quien devuelve un regalo no deseado. La realidad constitucional es otra: desde que el JNE proclamó los resultados de las Elecciones Generales 2026, López Aliaga es senador electo, con o sin credencial física, con o sin juramento. Y esa condición no se borra con una carta notarial, por más “irrevocable” que él la llame.
Más aún, el Tribunal Constitucional, refiriéndose a la inmunidad parlamentaria, definió que la protección contra el arresto sólo comienza con la elección, es decir, desde que el Jurado Nacional de Elecciones proclama al congresista electo (SRC 00026-2006-AI). Cabe destacar que el punto de partida es la proclamación y no la recepción de la credencial.
LO QUE DICE LA CONSTITUCIÓN, SIN MATICES
El artículo 95 es taxativo: “El mandato legislativo de senador o diputado es irrenunciable.” No dice “irrenunciable desde que jura”. No distingue entre el senador proclamado y el senador incorporado. El mandato nace del voto popular, se formaliza con la proclamación del JNE, y a partir de ahí el elegido queda atado a él — sea que le guste o no.
La propia jurisprudencia del Tribunal Constitucional (STC 00013-2009-AI) es clara sobre cómo se puede dejar ese cargo: solo por muerte, inhabilitación física o mental permanente, destitución por juicio político, o condena firme por delito doloso. La “conveniencia electoral” no figura en esa lista. No existe, en el diseño constitucional peruano, una salida voluntaria para el senador que descubre — después de proclamado — que el cargo le estorba para otros planes.
LA MANIOBRA REAL
López Aliaga no está renunciando a nada: está pidiendo que el JNE finja que nunca fue electo, para poder inscribirse como candidato a primer regidor (ya no existe el cargo de teniente alcalde) de Lima en la lista de Luis Rubio. El argumento de Renovación Popular ante el JNE — de que, como no juramentó, “aún no puede ser considerado congresista” — es un intento de crear un vacío reglamentario que se convierta en una puerta trasera. El propio Congreso, a través de su Oficina Legal, se lavó las manos y trasladó el problema al JNE, reconociendo que no hay regulación expresa para el caso. Eso no es lo mismo que decir que López Aliaga tiene razón: es decir que nadie quiere ser quien le diga que no.
El JEE de Lima Centro ya se pronunció en primera instancia: la candidatura a teniente alcalde es improcedente, precisamente porque la documentación presentada no acredita ningún acto jurídico que haya modificado su condición de senador proclamado. La pelota está ahora en el pleno del JNE, que deberá decidir si confirma esa resolución, pero atendiendo a que el TC ha declarado que es función del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamar a los candidatos elegidos de acuerdo con lo dispuesto en el inciso 5 del artículo 178º de la Constitución Política y conforme lo dispone el artículo 325º de la Ley Orgánica de Elecciones y el artículo 5º numeral “j” de la Ley Orgánica del Jurado Nacional de Elecciones (Ley 26486) es el JNE la entidad a la que le corresponde otorgar las credenciales a los congresistas.
LA ÚNICA PUERTA QUE LA CONSTITUCIÓN SÍ CONTEMPLA
Si López Aliaga quisiera dejar el Senado por una vía constitucionalmente válida, esa vía es la vacancia — y la vacancia la declara el Congreso, no una carta a Roberto Burneo. Eso exige la instalación del pleno, la conformación de comisiones y surtir un procedimiento que, en los plazos actuales del nuevo Congreso bicameral, difícilmente estará resuelto a tiempo para que pueda inscribirse dentro del plazo legal para las elecciones municipales de octubre. Es decir: aunque el Congreso quisiera darle el gusto, el calendario no le alcanza.
EL VERDADERO CÁLCULO
Detrás del libreto de la “renuncia irrevocable” hay algo más interesante que un problema procesal: un excandidato presidencial que quedó a apenas 21,209 votos de entrar a la segunda vuelta, y que ahora necesita reinventarse un espacio político — sea en el municipio de Lima junto a Rubio, sea buscando protagonismo en el nuevo Senado bicameral, lejos de la sombra de Keiko Fujimori. Lo que no puede hacer es las dos cosas a la vez. La Constitución ya eligió por él.
LAS SOSPECHAS
Pero lo que se estaría cocinando dentro de Renovación Popular es un coqueteo con la izquierda para quitarle la presidencia del Congreso al fujimorismo y conformar una mesa mixta que presida Renovación Popular y tenga a los partidos de izquierda dentro de su mesa directiva. Y entregarle la presidencia de la cámara de diputados a la izquierda. Una jugada conveniente para la izquierda, pero que para la derecha y los grupos de poder mostraría de cuerpo entero a López Aliaga y su bancada. (Diario Uno).
